• Carla Lazo | Talento

Inteligencia emocional y 3 formas de desarrollarla

Vivimos en la era de la Inteligencia Emocional, estamos rodeados de artículos y teorías que afirman que un líder, una persona de éxito y hasta una buena empresa, debe incorporar y desarrollar esta competencia. ¿No os parece abrumador?

Además, al ser un término abstracto, muchas personas pueden no terminar de entender su significado, concebirlo como algo difícil de alcanzar o un como un “don” con el que se nace o no se nace.

Pues todo eso no puede estar más alejado de la realidad. Como cualquier habilidad o competencia, la Inteligencia Emocional (IE) se puede entrenar, desarrollar y mejorar. No es un “todo o nada”, todos nosotros y nosotras poseemos nuestro propio nivel de IE. Cuando lo entendemos como una serie de habilidades medibles a través del comportamiento, nos damos cuenta de que podemos trabar diferentes áreas, en este artículo, te doy 3 tareas con las que empezar:

Practicar la autoconciencia.

Es muy difícil que conectes con otras personas sin antes haber practicado el autoconocimiento. Conocer las propias emociones nos ayuda a localizar mejor aquellas situaciones que nos provocan reacciones fuertes. El objetivo de esta práctica es que obtengas una evaluación objetiva y ajustada de tus emociones ante diferentes situaciones, así podrás poner el freno y pensar antes de actuar.

Prestar atención a los demás.

Se trata de dar a los demás el tiempo y el espacio necesario para que puedan comunicarse contigo, y, de esta manera, tú proceses mejor esa información. Parece simple, pero nos encontramos en un momento que prima la impaciencia y las aplicaciones móviles. Aprende a detenerte, mirar a las personas a los ojos y observar su lenguaje corporal. Escucha con todos tus sentidos, así desarrollarás la empatía y te será más fácil conectar con los demás.

Proactividad a la hora de conectar con las personas.

Una vez hayas practicado la autoconciencia y el conocimiento de l@s demás, prepárate para gestionar cualquier conflicto o disputa. Empieza escuchando activamente, deja el espacio para comunicar y haz preguntas, no solo esperes tu turno para hablar. Piensa en lo reconfortante que es que nos dejen explicarnos. Si no estás de acuerdo con el argumento, coméntalo de forma productiva y colaborativa.

¡Espero haberte ayudado!

¡Hasta el próximo café!

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